El cielo estaba oscuro, las estrellas, normalmente brillantes y expectantes, haciendo de comparsa de una luna gigante y hermosa, estaban apagadas. Grandes nubes negras rodeaban el cielo en el cual la única luz era desprendida por esa luna, de las nubes salían delgados y feroces haces de luz en forma de relámpagos, era una noche de invierno, ante tal silencio unos truenos lo rompían con su sonido ensordecedor e impactante al caer sobre el suelo yermo y deplorable, segundos después una fina lluvia empezó a caer empapando la tierra y convirtiéndola en barro, visto de lejos parecía una imagen apocalíptica pero sorprendía lo relativamente bella que era, el contraste de la luna en las nubes con los relámpagos daba colores inauditos en una noche de lluvia normal de esa época del año.
En el campo como único espectador del suceso había una persona, angustiada, sus rodillas tocaban el suelo empapado por las largas lluvias que se fusionaban con sus lágrimas y a la vez le manchaban la ropa. El chico no superaba las quince primaveras, de pelo moreno y largo que le llegaba a los hombros, la lluvia hacia que los rizos que formaba sobre su cuello fuera como dibujos, sus ojos impactantes de negro azabache miraban a la nada, como si no pensara en nada y a la vez le atormentaran todos sus pensamientos en un único instante, se sentía perdido, impotente, no sabia que podía hacer, no sabia las respuestas y a la vez le bombardeaban demasiadas preguntas, se sentía confuso desorientado, en definitiva perdido. El muchacho era de constitución fuerte, por ropas llevaba unas prendas deshilachadas y agujereadas que de poco abrigo podían servir ante tal clima, pero a él le daba igual, estaba absorto, los segundos se convertían en minutos, los minutos en horas, las horas en días pero para él todo fue un breve instante, un largo, triste y angustiado instante que nunca terminaba.
Ante él una tumba le observaba, estaba tallada de piedra y marfil, con grandes letras de otra lengua y una gran cruz por cabeza que mostraba el respeto y la solemnidad de quien la custodiaba, alguien santo y muy querido duerme allí. El chico cada vez que sentía como la impotencia se trasladaba por cada centímetro de su ser golpeaba el suelo clamando venganza, de su boca salían gritos de desesperación, produciendo un sonido mucho más fuerte e impactante que el de los mismos relámpagos cuando golpeaban el suelo, pero en un instante todo acabo...
Una estrella fugaz, grande y clara, desvaneció las nubes ante su camino por el cielo dejando una estela luminosa y clara, la luz que desprendía era esperanzadora mientras surcaba el oscuro cielo hasta caer en el encharcado suelo…
De la nada una voz lóbrega e intensa retumbaba en la penumbra, solamente ella sonaba en este mundo de tinieblas, en la que la bondad desapareció hace tiempo recordando una vieja profecía en la que mucha gente esperaba con ansia y esperanza.
Hubo un mundo de oscuridad, las personas estaban corruptas y las que no lo estaban eran esclavas de su destino, años llevaba un gran mal asolando la tierra con una dictadura de crueldad y destrucción, pero nadie tenia la suficiente fuerza y el valor necesario para hacer cambiar este mundo, la profecía años atrás proclamada y ahora recordada por la voz decía así...
“El gran mal que conseguirá la caída de todos los grandes héroes del mundo reinara sin impedimento durante años en un reinado de terror, crueldad y destrucción que no tendrá limites, este mal que nació del amor y que en un principio iba a ser la solución de la gran guerra sera al contrario un gran problema al cual ni los mismos dioses podrán parar, solamente terminara esta época de terror cuando lleguen los siete dragones, dragones de luz y esperanza que podrán derrocarlo no sin antes sufrir de las mas horribles perdidas, ellos tendrán que ver caer diez estrellas para descubrir su terrible y cruel destino y un día…”
“liberaran el mundo y devolverán al mundo a una era de luz…” repetía en voz baja un joven monje.
El monje se llamaba Federico, era joven e inteligente, de complexión delgada, nariz aguileña y tez blanca, vestía una túnica marrón oscuro, tenia un aspecto descuidado,bajo sus ojos eran dibujados por dos profundas ojeras grisáceas, no era una persona que durmiera mucho, prefería estar las noches leyendo y estudiando, tenia un sueño, quería descubrir toda la historia de los años oscuros, años atrás cuando el mundo era cruel y malvado todos seguían con su miserable vida sin pensar en los demás, todas las bibliotecas fueron destruidas, toda constancia de tiempos pasados solo había pasado de boca en boca, además las gentes, los pueblos, los clanes no querían recordar aquellos horribles momentos de dictadura, de opresión, de crueldad, de maldad, un tiempo que no querían que volviera pero a la vez no hacían nada para poder cambiar las cosas, Federico quería saber esa verdad, quería saber que paso y su ultima pista le había llevado a un antiguo monasterio destrozado, los largos años habían llevado su mella y casi todos los documentos estaban deteriorados, el único libro que parecía que tenia algo de interés era un diario de un clan de fuego, era escrito por el segundo sacerdote del clan, según parecía la persona que dirigía ese monasterio en ese tiempo era una persona ciega que no podía escribir por lo que el segundo al mando le ayudaba a escribir toda la verdad de ese tiempo, de todos modos el libro no decía nada del significado de la predicción ni lo que ocurrió, simplemente terminaba con esa predicción, las paginas que seguían estaban arrancadas o eran ininteligibles, algo tubo que ocurrir en el monasterio para que un edificio con una antigüedad de cientos de años en pocas décadas quedara tan devastado.
Se encontraba en la biblioteca del monasterio, las tenues velas alumbraban la habitación como lluvias de rocío sobre cientos de libros desordenados por los suelos, por las estanterías, casi todos estaban destrozados. La habitación llevaba abandonada años, las telarañas adornaban los rincones, el polvo pintaba los libros blanquecinos, había un hedor a viejo entre los libros, muchos años hacia que nadie entraba ante tal tesoro del saber.
Federico había terminado con ese libro, empezó a coger otro que tenia en la mesa, lo cogió entre sus manos, soplo y limpio toda la polvareda que lo adornaba y siguió leyendo e investigando, estaba abstraído y no se daba cuenta que algo se acercaba en la oscuridad. Una sombra silenciosa reptaba por los suelos y las paredes acechando al joven monje como una bestia en busca de su presa, Federico seguía leyendo y nada alrededor podría sacarle de su trance lector.
Paso a paso la sombra se acercaba al confiado monje, que no se daba cuenta de lo que estaba ocurriendo.
La sombra fue cogiendo la forma de una mano e iba rodeando el delgado y grácil cuello del monje. Los dedos de esta eran como alfileres que terminaban con garras que parecían cuchillos, proyectándose a la luz de la tenue y cálida vela.
La vela se apago.
Federico se sobresalto y miro por la habitación, pero no veía nada, simplemente oscuridad, aunque notaba una presencia, en el aire notaba una pesadez inusual, el monje empezó a tener sudores fríos, sentía como algo o alguien le estaba observando, se sentía incomodo.
En ese momento una voz empezó a taladrarle la cabeza.
“Que presa mas deliciosa, delgadita y temerosa, en la oscuridad del lugar te llegara tu final, te haré un favor matándote, ya que si llegas a la verdad sobre la historia de los dragones recibirás una muerte lenta y horrorosa. Me apiadare de ti, acabare contigo de forma rápida. Me lo llegaras a agradecer cuando vuelva al infierno de donde vengo.” Le dijo de forma sigilosa la voz.
El monje se levanto con rapidez, miro por todos lados en la habitación pero seguía sin ver nada, ¿seria todo producto de su imaginación?, ¿tantas horas leyendo historias del pasado le habrían vuelto loco?.
Federico quedo petrificado, no podía mover un solo ápice de su cuerpo.
De repente fue lanzado hacia la pared estrellándose de lleno sobre la estantería. Papeles y libros volaron por la oscura habitación golpeando al monje.
La sombra se acerco a otra vela que estaba encendida y se volvió corpórea.
Federico no sabia que decir, tal visión le lleno de un temor inusual, su cuerpo seguía inmóvil, notaba como un hilo de sangre se movía por su cabeza, al caer en la estantería un libro le había abierto una brecha. El monje estaba en estado de shock, sus ojos miraban con atención la figura que se encontraba delante de él.
Era una criatura espeluznante, tenia forma de demonio, tenia la piel verde oscuro llena de cicatrices y escamas.
Largos años debian pesar sobre los hombros de la criatura.
Tenía un solo brazo, el izquierdo, su garra era delgada y larga y de sus dedos salian unas uñas escalofriantes.
Su rostro triste y viejo, se le quedó grabado en los ojos al monje. Tenia barba larga y grisácea que le cubría todo el cuello.
La mirada era penetrante y asesina, sus ojos se clavaban en el monje, le miraba de tal forma que daba la sensación que era medio metro mas grande, parecia que ocupaba toda la habitación.
Federico se sentia perdido, no tendria ninguna oportunidad contra él, no era una persona fuerte, nunca le habian llamado la atención la educación militar o magica. Su unica baza era usar su increíble inteligencia para poder salir de este lance, pero por muy listo que fuera, el miedo le hizo quedarse en blanco…
Sus músculos estaban entumecidos, el corazón le latía cada segundo mas y mas rápido. Creía que en cualquier momento se le saldría del pecho y caería al suelo dejando de latir.
La criatura tenia dos cuernos en la cabeza, uno de ellos mellado, era la viva imagen de un diablo poderoso y temible ante el que la mejor solución que le podía venir a la cabeza era escapar.
Miro a todas partes pero la unica salida de la habitación eestaba obstaculizada por la criatura, las ventanas estaban fortificadas con tablones, parecia que en algun momento de su historia se tuvieron que fortificar en ese mismo lugar y ya por culpa del abandono y los años seguian cerradas. Federico suspiro, no habia posible via de escape, por lo que empezo con un plan alternativo. En un ataque de valentía le gritó al viejo ser.
“¡Aléjate odiosa criatura! ¡Soy un mago poderoso y de un solo vistazo puedo hacerte desaparecer de este mundo!¡Haces mal enfrentandote a mi!” Mintió el monje a la criatura mientras le miraba a los ojos.
El diablo le devolvio la mirada y fuera de toda logica prevista la criatura empezó a reír a carcajadas. Para instantes después callarse y mirarle con una mirada asesina que hizo estremecerse al joven monje. Mientras le miraba, la intimidante criatura respondió de forma fria y amenazante...
“¿Te crees que soy un demonio vulgar? Se cuando una persona miente y el poder que tiene, además, a un mago poderoso no le temblarían las piernas ante un rival de mi talla y ya me habrias hecho callar desde el momento en que te tire sobre los libros.” Dijo señalando las piernas del monje.
El monje miro hacia sus piernas y comprobo lo que decia el demonio, llevaba razon, no podía parar de temblar…estaba indefenso. No sabia que hacer…iba a morir…
La criatura se acercaba lentamente, ya le quedaba poco para llegar a su objetivo. Pocos metros separaban a ambos. El monje no se le ocurria nada, no tenia escapatoria, por un momento le vino a la cabeza su corta vida, habia sido una vida algo aburrida pero a él le gustaba. No podia acabar aun, debia cumplir sus sueños y esperanzas, pero todo ello ya paso, no tendria ninguna oportunidad, estaba solo. La figura amenazante se hacia mas y mas grande, ya podía sentir en el ambiente su fría respiración. Su mirada endiablada le invadía todo el cuerpo, aun le era imposible moverse, estaba aun mas perdido, sentia como la criatura estaba ya a menos de un metro de él, con su unico brazo le acaricio de forma entre cariñosa y amenazadora el cuello, como un cazador cuando ya ha dado con su presa, al monje se le habia venido el mundo encima.
Y de pronto…
La criatura salió volando junto con un estruendo, se golpeó con el techo y cayó al suelo de rodillas. Escupía sangre, su mirada habia cambiado, de ser una mirada fria cambio a una mirada sorprendida y angustiada, el golpe le había dejado sin respiración. Miró con cara asesina hacia la causa de su caída y lo vio...
Era una persona, aparecido de entre las sombras. Un hombre de unos cuarenta años, de fuertes músculos y estatura mediana, llevaba ropas deterioradas, ante los ojos de cualquier persona parecía un mendigo, larga melena negra le tapaba el rostro, tenía una barba oscura. Su mirada de ojos negros era fría, en sus ojos se veía un vacío, muchos males y mucha angustia ha tenido que soportar y ahora la proyecta de forma combativa, era valeroso y fuerte de caracter. Llevaba de la mano una espada grande, de mango gris y filo desgastado y oxidado, muchas batallas han envejecido ese filo atormentado.
Hubo un cruce de miradas entre la criatura y el hombre, se conocian, el odio y la ira entre ambos se palpaba en el ambiente. Muchas batallas han librado y muchas heridas han compartido entre ellos.
La criatura se levanto con velocidad y con cara de odio grito maldiciendo al guerrero.
“¡¡¡Sucio imbécil!!!¡Siempre te pones en mi camino, te juro que algún día concluiré mi venganza y serás pasto de las bestias!”.
Acto seguido la criatura se fusionó con las sombras de la habitación y desapareció dejando a los dos hombres solos en la penumbra.
El mendigo miro por todas partes, la criatura en verdad habia desaparecido, miro hacia el otro hombre, el shock le habia puesto de rodillas y unas lagrimas de impotencia se deslizaban por sus mejillas, el hombre se acercó al monje, le ofreció la mano y lo levantó como pudo. En sus ojos tristes se veía de fondo una bondad inusual y en ese momento dijo al monje con una sonrisa calurosa…
“Me llamo Merkan de Tibeles, ¿te puedo ayudar en algo? Te veo cansado, ven conmigo te ayudare a ponerte mejor.”
El monje se levanto y asintió con la cabeza y los dos se fueron lentamente de la habitación.
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